Una Serpiente Meditando

Tengo solo 2 miedos en la vida (afortunadamente). La verdad trabajo más en el enojo y la frustración porque de ellos si tengo bastante. Sin embargo, en el último retiro de meditación Vipassana me confronté con uno de mis miedos más profundos. Durante la meditación, la mente agranda los objetos con los que se contacta, como una lupa y todo se ve más cerca de lo que parece (como aquel el letrero en inglés de los retrovisores de algunos carros).

Debido a mis inquietudes sobre el mundo y su entendimiento, he practicado una meditación de la Budista tradicional, del linaje conocido como Theravada, del Norte de Tailandia, llamada Vipassana Theravada, dirigida por instructores con más de 30 años de experiencia y en mi práctica personal, 8 años como meditadora, con más de 9 retiros (tanto en Colombia como en Tailandia), retiros donde se empieza a meditar a las 4:30am y termina a las 10pm más o menos. Creo que ya he perdido la cuenta de cuántas horas he meditado.

A pesar de tener algo de experiencia en la práctica, cuando vivía en China, hace 5 años, mi mente se tornó inestable. Entre ansiedad y miedo, mis sentidos se alteraron tanto que alcancé a pensar que tenía alucinaciones auditivas e hiperactividad sensorial. Cuando regresé a Colombia a psicoterapia con la psiquiatra, le pregunté si realmente estaba loca y si lo que le describía eran alucinaciones visuales (había visto muchos pacientes en la carrera de medicina con alucinaciones tanto orgánicas  – por alguna enfermedad física – o por enfermedad mental per se). La psiquiatra en ese momento me dijo que afortunadamente, por el momento no estaba alucinando y la verdad sentí un alivio.

Regresando al presente, para narrar la historia que nos acoge en esta lectura, pasadas 24 horas de iniciar el retiro en Junio de 2018, con algunos eventos que creaban los obstáculos naturales de la meditación (en el Budismo Theravada, se conoce como Mara a la fuerza opuesta que impide lograr lo que deseamos), con mis rondas de meditación de 30 minutos caminando y 30 minutos sentado, para 1 hora en total (en Vipassana Theravada meditamos caminando y sentados), después de 5 rondas de éstas, con descansos entre sí, en la noche fresca de Fusagasugá, Cundinamarca, entre oscuridad al horizonte y cielo levemente estrellado, tranquilidad e introspección, a las 9:30pm, mi gran terror apareció.

Entré al baño de la finca, a las afables 9:30pm y en la plenitud de la atención plena, me dispuse a sentarme en el inodoro, consciente de bajar mi pantalón blanco, pues vestimos de blanco en los retiros para purificar la mente; cuando en mi observación del momento presente, justo debajo del lavamanos, había una masa café con visos negros, que se deslizaba lenta y armónicamente, con un sonido producido por escamas suaves y ordenadas. Sin haber iniciado a orinar, mi mente hizo la anotación mental: “viendo, viendo, viendo”, entrenada por la práctica de la meditación. Me moví lentamente a la puerta, sentí un vacío en el estómago, unas ganas de huir ineludibles, observé de nuevo al ser que me acompañaba. Me miró de vuelta, un reptil, de piel café con hexágonos negros y con centro amarillo, sacó su lengua bífida y en parsimonia, como la reacción de la serpiente, apagué la luz del baño y salí.

Me senté atónita en un banco a procesar lo que acababa de ocurrir. Nunca había tenido una serpiente tan cerca y menos acompañándome en un baño, no es común en la ciudad. Una meditadora bióloga, me vio y me dijo: “Estás pálida, ¿Estás bien?” – a lo que respondí: -“Acabo de ver una serpiente en el baño”.- Ella en su entrenamiento de exploradora, fue al baño inmediatamente sin miedo alguno, abrió la puerta del baño, se volvió al banco donde me había quedado y me dijo “ven”.

Me acerqué al baño y ella me dijo: -“No hay ninguna serpiente”.- Yo miré de nuevo debajo del lavamanos y efectivamente no estaba. La meditadora me miró y al ver mi cara de pánico (ahora porque no estaba la serpiente, aunque hubiera preferido que si estuviera para no perder la cordura) me dijo: -“Descríbeme la serpiente que viste”.- Yo repetí completamente segura de lo que veía: -“Era de piel café con hexágonos negros y centros amarillos”. La meditadora bióloga me respondió: -“Cómo la describes, es una boa constrictor, es nativa de esta zona.”-

La verdad ese momento era muy confuso. Mi instructor de meditación se acercó al baño y me preguntó que ocurría. Le contamos que yo acababa de ver una serpiente que ya no estaba en el baño. Cuando ocurren condiciones de la meditación (al observar la mente, cuerpo y sensaciones, debemos mantener la atención plena, en caso que ocurra algo “anormal” y así reportarlo para poder dirigir a la mente de nuevo al camino, durante el proceso de la meditación) reportamos inmediatamente, pues las condiciones al surgir, debemos anotarlas y dejarlas ir. El instructor me preguntó en ese momento: -“¿Quieres reportarlo?”-. Yo respondí resignada a mi locura y alucinación que sí.

Me senté con los demás instructores y les relaté lo sucedido, con la cara transfigurada en horror, por mi inefable estado de psicosis del relato de una serpiente que yo sabía que era real, pero no había forma de comprobarlo. Inferí que mis instructores pensarían “Debemos tener cuidado con la mente de Lina, porque no va bien, ya está teniendo alucinaciones visuales.”

Mi noche fue larga. De reflexión y repaso de los momentos ocurridos en el baño, porque en mi mente estaba negociando la locura. Todos ya pensaban que estuviera loca, pero creía firmemente que mi descripción tan específica de piel café con hexágonos negros y  centros amarillos, no podía ser una creación de mi mente. Ya les he dicho que mi mayor miedo es perder la cabeza, ya le he perdido una vez y es un lugar al que no quiero volver.

Pasó la noche y simplemente le mandé méritos (Que tu ser esté bien, feliz y en paz) a la serpiente, porque además si la serpiente era irreal, pertenecía a otros planos de consciencia y eso era otro estado de la mente, al cual no quiero acceder.

El día siguiente resultó amable, rondas de meditación cada vez más largas, como es usual en los retiros de Vipassana. Mis reportes a los instructores mostraban que mi mente iba en el camino esperado y nada se estaba saliendo de lo normal.

Esa noche, la meditadora bióloga, a eso de las 9 de la noche, entró nuevamente al baño. Allí estaba nuevamente la serpiente. Ante sus ojos, una boa constrictor de 1.5metros de largo y 10cm de grosor, enroscada en la esquina del baño cuando ella cerró la puerta para asegurarla. En ese momento la meditadora nos llamó a todos para decirnos que debíamos tomar una decisión sobre dejarla allí nuevamente esa noche o sacarla. Llamamos al cuidandero de la finca y claramente su opción fue que él al mataba, opción no viable en un retiro budista donde a ningún ser sintiente (ni siquiera insectos) se les puede quitar la vida, precepto que seguimos a cabalidad, adentro y fuera del retiro.

Dejar la ventana abierta, por donde la serpiente entraba y salía todas las noches, no era un opción: teníamos a mas meditadores en sus últimos días del proceso, meditando en sus cuartos, no queríamos que ningún meditador arruinara su momento con un miedo de ver a una serpiente. Mientras debatíamos todo esto, la serpiente, simplemente, reptaba armónicamente por el piso de azulejo verde, se escuchaba el roce de sus escamas con el piso, y plácidamente nos mostró cuál era su guarida. Un mueble de madera con base de 25 centímetros por 15 centímetros, que tenía un espacio debajo suficiente para que fuera su refugio.

La decisión fue clausurar el baño, con la serpiente adentro, ella en su guarida, pero lo que me angustió terriblemente, fue que se decidió cerrar la ventana por la cual ella, entraba y salía. Usaríamos los otros baños de la finca durante la noche y al día siguiente vendría una persona del pueblo que podría llevarse la serpiente al río para liberarla.

A los 10 minutos de clausurar el baño, se oyó un estruendo. Fue la caída de una jarra de metal que estaba en la parte superior del mueble que era la guarida de la serpiente. Supe en ese momento, que la serpiente intentaba nuevamente salir por donde ella conocía el recorrido, solo que ahora la ventana estaba cerrada y ella ya no podría hacer su cacería y recorrido nocturno en los alrededores del baño, su refugio. Sentí una sensación de haber traicionado a la serpiente, sentí que no había cumplido con protegerla y la verdad estaba segura que al día siguiente no la iban a liberar a ningún río, sino que le iban a cercenar la cabeza, como pasa usualmente con las serpientes cuando tienen encuentros con el hombre.

Pasé una noche amarga, sintiendo el encierro de la serpiente, oyendo como su hocico intentaba golpear la ventana en un intento por salir. A la mañana siguiente, el objeto de mi meditación fue la serpiente. No podía soltar la idea de su sufrimiento, o de su futuro próximo, si libertad o muerte, y realmente me cuestionaba las sensaciones que me producía este animal.

La reacción natural de los seres en la naturaleza, es huir antes que luchar, así se comportaba esta serpiente y así fue cuando llegaron a sacarla. Una persona de un buen corazón, con su costal de tela y un vara de madera con una horquilla en una de las puntas para controlar a las serpientes, había llegado a ayudarnos. Cuando la vio, dijo -“Es realmente grande, creía que fuera más pequeña, está tranquila, creo que no va a ser difícil sacarla”.- La serpiente no puso ninguna resistencia a la maniobra y ya dentro del costal de tela, asegurada con un cordón rojo para evitar su salida, el “culebrero”, se la llevó en su moto, para llevarla al río (al menos eso nos dijo). Le pedimos que nos mandara fotos de cuando la liberara. Al irse, le preguntamos al hombre cuando nos cobraba por haber hecho el “trabajo” a lo que respondió “Lo que mi Dios le diga en su corazón”. Fue un poco gracioso ya que estábamos en un retiro budista, su Dios es diferente a la concepción del budismo y a Buda no se le pide nada y él no otorga deseos.

Este fue un retiro que me confrontó con lo inesperado. Mis retiros al inicio, me mostraban el enojo que ha habido en mí, por mi historia de vida e incluso heredado, dado que el psiquismo de los padres también se hereda y vengo un padre con una mente cundida de enojo. Los primeros años, durante todos los retiros, surgía constantemente el enojo como un maestro para aprender a observar. Con el pasar de los años, con mi realización como médica, especialista en Medicina Tradicional China y con un mayor entendimiento del mundo, de mi misma y de los demás, el enojo NO ha sido ya predominante. Ahora la mente, después de tantos retiros, al decantar muchos procesos, cae a veces, en el aburrimiento y la ilusión. Al iniciar como meditadores Vipassana, la naturaleza de la mente resalta el drama y el dolor. Sin embargo, cuando el tiempo pasa, como al limpiar un prado que tiene rocas, cada retiro es levantar una roca y limpiar ese espacio lleno de suciedad, sin luz y sin oxígeno. Ya lo he hecho varias veces y este retiro me mostraba este miedo que es casi el único. Sabemos que el cuerpo es importante para la salud, pero en la asociación mente cuerpo, el estado de la mente es fundamental para mantener el cuerpo sano. Sin voluntad, estrategia, decisión, gozo, reflexión y buenos recuerdos no hay cuerpo que pueda estar en equilibrio.

Este retiro fue como si en mi hubiera estado la serpiente meditando, un ser que ha sido despreciado en la tradición judeocristiana (el paraíso de Adán y Eva), para algunas culturas ancestrales es la representación de lo humano y lo divino (Quetzacóalt o la sepiente enplumada en la cultura mesoamericana), para otras, protección como en el budismo (Buda meditó 40 días y 40 noches bajo una cobra gigante que se posó sobre él para protegerlo de la intemperie), cobra buddhaen el símbolo de la medicina occidental es el caduceo, una vara que representa la columna vertebral y 2 serpientes alrededor de ésta, representando la energía ascendente desde la base del sacro hasta la coronilla, caduceoen Kundalini Yoga se trabaja la Kundalini Shakti, una serpiente enroscada en el primer chakra Muladhara, la cual se debe despertar para el dominio de la propia energía entre mente y cuerpo; Kundalini-Shakti-from-Pinteresty en la astrología china, los nacidos en este animal tienen la capacidad de desarrollar sabiduría.

A pesar de todas estas representaciones mágicas, hoy en día los encuentros entre las serpientes y el hombre, terminan en “machetazos” que cortan sus cabezas y mutilan sus cuerpos por partes, sin observar que la serpiente naturalmente se apartaría del encuentro y raras veces atacaría en su defensa. Si aprendiéramos de las serpientes a evitar un enfrentamiento en vez de luchar, si lográramos contactar con la compasión hacia todos los seres sintientes y viéramos el profundo ciclo de muerte y vida al que pertenecen los reptiles, que están condenados a matar para sobrevivir y obtener alimentos, podríamos evitar su muerte y protegerlas.

Durante este retiro, haber tenido como objeto de meditación a este animal, contactarme con la compasión por los seres sintientes, comprender la naturaleza de la serpiente por evitar un contacto o un enfrentamiento, debatir sobre cuál debía ser su paradero, fueron nuevos paradigmas para romper en mi mente. Ahora que no contacto tanto con el enojo durante la meditación, ahora que mantengo las abstenciones de los preceptos en dónde uno de ellos es cuidar la vida de cualquier ser sintiente, se me afianza la capacidad de la bondad amorosa y sobre su extensión a todos los seres. Sentir a la serpiente meditando ha sido uno de los mejores regalos que he podido tener en los retiros, sin duda un reto para la mente que siempre reacciona y poco observa, pero con este entrenamiento mental, me lleva a darme cuenta que la práctica ha sido efectiva.

A todos los seres sintientes, que estén bien, felices y en paz. Que siempre podamos observar nuestras emociones con respecto a los demás y no reaccionar instintivamente, sino vibrar al unísono de una sola existencia que le pertenece a la vida misma, sin ser quienes tomamos la vida de otros seres.

Sadhu, sadhu, sadhu… en Pali significa “bien hecho, bien hecho, bien hecho”.


2 respuestas a “Una Serpiente Meditando

  1. No sabes lo hermoso que fue leerte, gracias por compartirlo. ¿Es posible iniciarse en estas meditaciones, aunque no se hayan hecho antes? Estoy en Medellín y hace rato quiero comenzar. Gracias de nuevo!

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